Carta nr 12

[Sobre el apostolado de la opinión pública, como servicio a Dios y a los hombres por medio del trabajo en el mundo de la comunicación; también designada por el íncipit Numquam antehac, lleva la fecha del 30 de abril de 1946 y salió impresa el 22 de noviembre de 1966].

Contenido

Los primeros párrafos tratan de la libertad, que para Escrivá es un «tesoro» dado por Dios a la humanidad (§1a), un «don precioso», que constituye, además, «una característica esencial del espíritu de nuestra Obra» (§1b). Habla también de la pretensión de una falsa libertad que se nota en ciertos ambientes y de cómo el mundo moderno concibe y valora esa facultad humana (§§2-3).
Introduce así uno de los temas fundamentales que desarrollará en esta Carta: la libertad de expresión y el servicio que prestan los modernos medios de comunicación a este derecho fundamental (§§4-12). Por su enorme influjo para preservar la libertad y por sus grandes potencialidades positivas, afirma que «no podemos tener más que admiración y simpatía» (§12c) por los medios de comunicación y una gran ilusión para llevar a Dios «esa parcela de la creación» (§12c).
Después se abre una segunda sección, en la que indica las consecuencias negativas que puede tener el abuso de esos medios, la manipulación y difusión del error, el confusionismo que pueden crear y, por otro lado, el silenciamiento de la buena doctrina que a veces imponen (§§13-18). Además, expone la responsabilidad que en este terreno tienen los cristianos y la necesidad de favorecer una mayor comunicación entre ellos (§§19-22). Esos medios pueden cooperar a la corrupción de las costumbres y socavar los principios cristianos, o difundir calumnias y ataques contra otros católicos (§§23-27), como ha sucedido con la Obra (§§28-29). Habla después de las tres olas que se perciben en esos medios: marxismo, laicismo y sensualidad (§§30-34).
A partir de ese momento, tras haber tratado de la valencia positiva y negativa de los medios de comunicación, pasa a hablar de responsabilidad de los católicos en este campo, donde muchas veces su presencia es escasa, intrascendente o poco profesional (§§35-39). Refiere a continuación su opinión sobre las empresas oficialmente católicas (§§40-41).
En la última parte de la Carta, san Josemaría propone ideas y soluciones, sin «tener nostalgias ingenuas y estériles», con la conciencia de que «el mundo no ha estado nunca mejor» (§42b). Subraya el afán de dar buena doctrina, de difundir la verdad evangélica, que nace del ejemplo de Jesús y que tiene como único ideal «llevar la gente a Cristo» (§45b), derramando la «luz de Dios» «a todos los hombres, sin excepción de razas, ni de lenguas ni de circunstancias sociales» (§45c).
Exhorta a proceder con confianza y sin miedo a las dificultades, buscando poner a Cristo en la cumbre de las actividades humanas por medio de un trabajo profesional competente. Despliega los diversos escenarios que puede tener esta labor, dando orientaciones concretas (§§42-52). Se refiere, en este contexto, a algunas obras corporativas relacionadas con la formación de periodistas (§53). Y también trata de labores privadas (§§54-58), en las que trabajarán personas de la Obra con otras que no lo son, para desarrollar múltiples actividades de comunicación, a título personal y siguiendo el propio criterio, sin que puedan representar a la Iglesia o a la Obra, aunque «nuestro espíritu apostólico lo empape todo» (§57a).
Prosigue ejemplificando diversas formas de difundir la doctrina cristiana a través de los medios (§§59-61) y el modo de informar sobre los apostolados de la Obra (§§62-65).
Detalla después algunas ideas sobre cómo pueden colaborar todos en esta tarea, aunque no se dediquen profesionalmente a la comunicación (§§66-69).
La Carta termina con algunas consideraciones sobre virtudes que son necesarias en el apostolado en general y más concretamente en el de la doctrina (§§70-74).