Las semanas de trabajo en los años fundacionales

Autor
Jose luis Gonzalez Gullón
Publicación
SetD

Desde la fundación, Josemaría Escrivá de Balaguer buscó personas que le ayudaran en la dirección del Opus Dei y en el despliegue de su carisma. A lo largo de los años cuarenta organizó estructuras de gobierno centrales, regionales y locales. Al mismo tiempo, estableció dos tipos de asambleas: los congresos generales, que estudiaban la marcha de la Obra y planteaban nuevos planes de expansión; y las semanas de trabajo regionales, que examinaban las experiencias formativas y apostólicas de las circunscripciones.

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Conclusiones

Josemaría Escrivá de Balaguer instituyó en el Opus Dei las semanas de trabajo como instrumento de reflexión, participación y escucha de los miembros de la Obra. Desde el primer momento tuvieron carácter consultivo y fueron un cauce para que cada uno expresara la propia opinión sobre temas relacionados con el espíritu y los modos de difusión del Opus Dei en todo el mundo. Las semanas evolucionaron tanto en la progresiva ampliación temática de las cuestiones organizativas y de aspectos generales como en la universalización de los convocados, que, al inicio eran numerarios con encargos de dirección y que llegaron a ser hombres y mujeres de la Obra y cooperadores.

Los primeros y principales beneficiarios de las semanas de trabajo fueron quienes dirigían y coordinaban la irradiación del Opus Dei en las regiones. El estudio de la marcha de la Obra en su territorio durante los años previos les dio una vista panorámica sobre la situación de la Obra en esa circunscripción, facilitó el análisis de los motivos por los que había habido frutos o dificultades y llevó consigo propuestas de mejora para el futuro inmediato. En el caso de los organismos de gobierno central, los materiales de las semanas de trabajo regionales les ayudaron a comprender cuál era la irradiación del carisma fundacional en el mundo.

Durante los años fundacionales hubo seis semanas de trabajo. La primera, de 1943, sirvió para estudiar y reorganizar los apostolados de la Obra, ceñidos entonces a unas pocas ciudades españolas. Las semanas de trabajo generales de 1948, para hombres y para mujeres, facilitaron el despegue del Opus Dei, que salía de las fronteras españolas y europeas tras la Segunda Guerra Mundial. Las semanas de los años 1955 y 1960 ayudaron a preparar los congresos generales ordinarios de la Obra, que tuvieron lugar un año más tarde. Junto con las de 1968 marcan el momento de la consolidación del espíritu y de los apostolados de la Obra, bajo la guía de Escrivá de Balaguer.

Hasta ese momento, habían participado en las semanas de trabajo algunos numerarios incorporados de modo definitivo al Opus Dei, pues estas reuniones estaban pensadas para personas con experiencia formativa y de dirección, que podían revisar la marcha de la Obra y realizar sugerencias de calado.

Las semanas de trabajo de finales de 1969 y principios de 1970 tuvieron un carácter extraordinario tanto por la convocatoria como por la respuesta. Tomaron parte la mayoría de los socios y cooperadores, que enviaron algo más de 54.000 comunicaciones, y asistieron a las reuniones personas incorporadas definitivamente a la Obra en toda su modalidad vocacional. La solicitud de sugerencias a todas las personas que conocían y vivían el espíritu del Opus Dei facilitó que cada una reflexionara de modo personal sobre su carisma. Además, se convirtió en un inesperado plebiscito de unidad con el fundador, pues los miembros de la Obra eran conscientes de la compleja etapa jurídica que atravesaba el Opus Dei.