Te concedo un corazón sabio e inteligente

Autor
AA.VV.
sam

Prólogo

La formación intelectual al servicio de la nueva evangelización (Mons. Beniamino Stella)

Prólogo en castellano [pdf]

1. Una nueva visión a partir de la Ratio fundamentalis
2. El imprescindible diálogo entre fe y cultura
3. La formación intelectual al servicio de la evangelización
4. Conclusión

Presentación

Amarás a Dios con toda tu mente (Francisco Javier Insa Gómez)

1. Un corazón sabio e inteligente
2. Una mente acorde con la mente de Dios
3. La formación intelectual
4. Una piedad fundada en las verdades cristianas
5. Al servicio de la evangelización
6. La dimensión intelectual de la formación sacerdotal
7. Enamorarse de Dios también con la cabeza
8. Contenido del libro
        a) Alcanzar la madurez humana y espiritual
        b) Los contenidos de la formación
        c) Educar evangelizadores

I. ALCANZAR LA MADUREZ INTELECTUAL Y ESPIRITUAL (Miguel de Salis)

Itinerarios de integración entre saber y sentir en el seminario

1. Introducción
2. La dimensión intelectual de la madurez
2.1. Un retrato de la madurez
2.2. Cualidades fundamentales de la dimensión intelectual de la madurez
3. Algunos elementos comunes a los distintos itinerarios
            3.1. Una mirada a la actualidad
            3.2. «It takes a village to raise a child»: seminario y escuela
            3.3. Gradualidad y flexibilidad
            3.4. Educación a través del ambiente y de la responsabilidad personal
4. Itinerarios de integración entre «saber» y «sentir»
            4.1. Primer itinerario: aprender a recibir objetivamente la realidad
            4.2. Segundo itinerario: desarrollar la creatividad y el propio modo de ver el mundo
            4.3. Tercer itinerario: desarrollar la capacidad de evaluar críticamente la realidad
            4.4. Cuarto itinerario: vivir la prueba del límite
5. Conclusión
6. Bibliografía sugerida
        a) Magisterio
        b) Otras obras

La integración de la formación intelectual con la vida espiritual del candidato al sacerdocio (Paul O’Callaghan)

1. Interdependencia de las cuatro dimensiones de la formación sacerdotal
2. Llegar a los «registros» en la formación
3. Sentimiento y sentimentalismo
4. Ayudar desde la dirección espiritual
        a) El estudio de la teología
        b) Sinceridad y docilidad
c) Experiencia


5. En la perspectiva del futuro sacerdote «la verdad os hará libres» (Jn 8, 32) (Mariano Fazio)

1. La verdad, condición para una auténtica libertad
2. La verdad en el contexto contemporáneo
3. La verdad en la formación sacerdotal
        a) La verdad sobre uno mismo
        b) La verdad sobre los otros
        c) La verdad sobre el mundo
        d) Una mirada llena de esperanza
        e) Desafíos actuales para la conciencia cristiana
4. Formar personas libres
        a) Importancia de la libertad en la formación sacerdotal
        b) Dimensiones de la libertad
        c) Las falsas antinomias de la libertad
        d) La libertad interior

II. LOS CONTENIDOS DE LA FORMACIÓN

Los estudios de filosofía y su integración con la etapa discipular (Luis Romera)

1. Introducción
2. Identidad del discipulado
3. Dimensiones del discipulado
4. ¿Por qué tenemos que «ir a alguien»?
5. El sentido de la formación filosófica


Los estudios teológicos y su armonización con la configuración con Cristo Buen Pastor (Philippe Curbelié)

1. Una cita del Papa Francisco
2. Delante, para guiar a la comunidad
3. En medio, para alentarla y sostenerla
4. Detrás, para mantenerla unida
5. Conclusión

La formación cultural de los seminaristas.  Hacia una síntesis dinámica de evangelización de la cultura (Florian Erlenmeyer)

1. Introducción
2. ¿Cultura? ¿Qué cultura?
        a) Una primera aproximación al concepto de cultura
        b) Algunos rasgos característicos de la cultura actual
        c) El discernimiento de estos cambios
3. Un intento de síntesis y de integración dinámica histórico-salvífica
        a) La propia experiencia y la propia historia como puntos de partida
        b) La única base posible para una verdadera cultura: ser amado en la historia
        c) La estructura de la nueva Ratio fundamentalis como itinerario de crecimiento cristiano
        d) «Evangelizar la cabeza»: formar una mentalidad a través de una diaconía intelectual
4. Algunas propuestas concretas
        a) Haggadah! o Narrant ergo sum
        b) La familia y las pequeñas comunidades como «seminario» (lugar donde sembrar y crecer de relaciones personales auténticas
        c) Contra el automatismo
        d) Desintoxicación digital y minimalismo digital
        e) Evangelizar los medios de comunicación: «hablemos».
        f) Padrinos de lectura y apostolado del libro
        g) Cursos Alfa como inicio de una profundización
        h) Reisen Bildet (los viajes forman)
        i) Solo la belleza salvará al mundo: todo lo que es verdaderamente bello es «nuestro y cristiano»

El estudio en el seminario y la formación permanente (Vito Reale)

1. Introducción
2. El papel de los formadores
3. Áreas y modos de desempeñar el papel de formador
        a) Como equipo de los formadores
        b) Como formador en la relación personal
4. La formación permanente en lo que respecta a la dimensión intelectual
5. Sugerencias bibliográficas

Educar y formar hoy: aspectos pedagógicos (Marisa Musaio)

1. Una nueva e imperiosa necesidad de educar
2. Una perspectiva del ser humano
3. El reconocimiento de la persona como educable
4. El concepto de educabilidad
5. La acción educativa
6. La relación educativa
7. Para no concluir

Maestros de corazón sabio y prudente (Mons. Stefano Manetti)

1. El papel formativo de los docentes
2. Comunicar la propia alma
3. Enseñar la verdad sobre el hombre
4. La necesidad de la figura del padre
5. La enseñanza como kénosis
6. Un corazón dócil

Comunicar la fe en el siglo XXI (Lucio Adrián Ruiz)

1. La Iglesia y la cultura
2. Nuestra cultura digital
        a) Caracterizada por la tecnología
        b) Globalizada y globalizante
        c) Que deja su huella en el hombre
3. La Iglesia en la cultura digital
4. Claves para comunicar la fe en el siglo XXI
        a) Reforzar el «ver y escuchar» (cfr. Hch 4, 20)
        b) Educar a la persona en la libertad
        c) Presencia, tiempo y narrativa (transmisión)
        d) Educar al silenci
5. Conclusión

Prólogo en italiano

 

Pontificia Università della Santa Croce

 

TI CONCEDO UN CUORE
SAGGIO E INTELLIGENTE

 

La dimensione intellettuale

della formazione sacerdotale

 

Prologo del Card. Beniamino Stella

 

 

 

 

Presentazione

 

Amerai Dio con tutta la tua mente

Francisco Javier Insa Gómez [20]
1. Un cuore saggio e intelligente

Dopo essersi stabilito sul trono d’Israele, Salomone si recò nella città di Gàbaon, dove offrì «mille olocausti» a Yahweh. In segno di accettazione, Dio gli apparve in sogno e gli disse: «Chiedi quello che vuoi che ti dia». Il re rispose chiedendo un cuore docile per rendere giustizia al suo popolo e per saper distinguere il bene dal male. Questa magnanime petizione fu ricompensata da Dio, che gli concesse «un cuore saggio e intelligente» oltre alla ricchezza e alla gloria che Salomone aveva considerato secondarie (cfr. 1 Re 3,2-15).
Il dialogo tra Salomone e Yahweh sbocca in un rapporto tra intelligenza e cuore, tra mente e affetti, che può servire da cornice per commentare la dimensione intellettuale della formazione sacerdotale.

2. Una mente conforme alla mente di Dio

«Amerai il Signore Dio tuo con tutto il tuo cuore, con tutta la tua anima, con tutta la tua forza e con tutta la tua mente e il prossimo tuo come te stesso» (Lc 10,27; cfr. Mt 22,37-39; Mc 12,30-31). L’enunciazione del primo comandamento nei Vangeli sinottici ha un’importante peculiarità rispetto alla formulazione originale del Pentateuco (cfr. Dt 6,5): gli evangelisti aggiungono che bisogna amare Dio con tutta la mente (dianoia). È probabile che quando si rivolgevano ai cristiani di origine gentile vedessero la necessità di far riferimento a qualcosa di molto importante nel mondo ellenico come la mente, la ragione, il nous. Ma, possiamo chiederci, cosa significa amare Dio con la mente, anzi, con tutta la mente? Sicuramente non può riferirsi al fatto di pensare sempre a Dio o di rivolgerli continuamente preghiere. Tutti abbiamo bisogno di dedicarci molte volte al giorno a compiti che richiedono tutta la nostra attenzione, tutta la nostra mente: lo studio, la lettura, una conversazione, ecc.
Possiamo pensare che si tratti piuttosto di un atteggiamento abituale, una forma mentis, un modo di vedere, capire e giudicare la realtà (il mondo, gli altri e noi stessi) conforme alla mente di Dio. Questo ha molto a che fare con alcuni doni dello Spirito Santo (scienza, intelletto, sapienza), che ci permettono di conoscere e trattare Dio con la profondità con cui le tre Persone divine si conoscono e si trattano, e di guardare le creature come le vedono. Questa è la fonte della vera sapienza: initium sapientiae timor Domini, «principio della saggezza è il timore del Signore» (Sal 111,10). Ma non si tratta solo di chiedere i doni e sedersi ad aspettare…

3. La formazione intellettuale

La grazia di Dio conta sulla corrispondenza umana per dare tutti i suoi frutti. L’uomo può gradualmente modellare il suo modo di pensare rendendolo più conforme alla mente divina.
Si tratta di un modo concreto di vivere l’identificazione con Cristo, che porta a una sorta di istinto (un “istinto acquisito”) a relazionarsi con il mondo. San Josemaría lo chiamava mentalità cattolica e lo spiegava in questo modo: conoscenza della dottrina, dialogo con la scienza e con il pensiero contemporanei, con il desiderio di mostrare la sua compatibilità con il messaggio di Cristo, e «un atteggiamento positivo e aperto di fronte all’odierna trasformazione delle strutture sociali e dei modi di vita»21.
Un primo passo è quindi la conoscenza della dottrina cristiana, il fides quaerens intellectum (la fede che cerca di capire) propugnato da Sant’Anselmo d’Aosta22. Lo sviluppo della vita di fede richiede un razionale approfondimento delle verità in cui crediamo, sapere in che cosa crediamo e, entro i limiti della nostra intelligenza, penetrare il più possibile nel contenuto della nostra fede. È un’esperienza comune che quando siamo veramente interessati a qualcosa (una persona, un’idea, un’opera d’arte, un racconto, una scienza) cerchiamo di conoscere tutto ciò che possiamo su di essa e dedichiamo tempo ed energie.
Se ho scoperto che la cosa più importante della mia vita è Dio, che dà un senso alla mia esistenza, che mi ama e mi invita ad avere un rapporto “a Tu per tu” con Lui, è logico che io voglia sapere il più possibile su di Lui. Come due fidanzati che si interrogano sulla loro famiglia, sui loro hobby, sui loro gusti, sul loro passato. Ma qui troviamo una particolarità: conoscere Dio cambia la mia vita e il mio modo di vedere la realtà. Sapere, ad esempio, che Dio è un Padre creatore e provvidente conduce necessariamente il cristiano ad un atteggiamento di speranza e di ottimismo di fronte alle difficoltà che può incontrare nella sua vita. Torneremo su questa idea nella prossima sezione.
Il modo in cui questa conoscenza viene messa in pratica dipenderà dalle circostanze di ogni persona, ma ce n’è una alla portata di tutti, indipendentemente dal proprio stato, dalla cultura e dalla propria formazione: la lettura attenta del Catechismo della Chiesa Cattolica, che contiene le più elementari verità teologiche in modo accessibile.
La dimensione intellettuale non si esaurisce nel conoscere cose su Dio. Il raggiungimento di una forma mentis concorde con la mente divina implica conoscere il mondo e l’uomo nella loro ricchezza e profondità anche dal punto di vista umano. Per questo la Chiesa ha sempre incoraggiato e inserito nei suoi cicli istituzionali gli studi filosofici, che permettono di comprendere le verità sull’uomo e il suo fine ultimo.
Inoltre, un adeguato background culturale è di grande aiuto per avere la sensibilità necessaria per interagire con persone provenienti dalle condizioni più diverse e per essere sensibili a tutta la loro ricchezza e complessità. La conoscenza dei classici della letteratura, sia locale che universale, è di particolare interesse, così come la coltivazione delle altre arti classiche (musica, architettura, pittura, scultura…) compreso il cinema, ben noto come settima arte.
Questa forma mentis a immagine della mente divina si tradurrà in un modo di sentire come quello di Cristo, come raccomandava san Paolo ai Filippesi (cfr. Fil 2,5). Chi ha veramente assimilato questa formazione goderà di ciò che piace al Signore e non goderà di quello che non piace a Lui… anche quando lo trovi attraente.

4. Una pietà fondata sulle verità cristiane

Una delle prove che la formazione dottrinale ha permeato la propria vita – cioè, che non è mera conoscenza teorica – è il suo riflesso nella vita di pietà. Infatti, la vita spirituale del cristiano si nutre dal suo bagaglio dottrinale.
Il mistero della Santissima Trinità, ad esempio, ha conseguenze immediate sulla nostra preghiera, forse più di quanto non ci rendiamo conto. Il fatto che Dio è Trino porta nuovi colori al mio modo di pregare: posso rivolgermi a Lui come a un Padre che si prende cura di me, come a un Modello che voglio imitare e che mi mostra la strada, come a Colui che mi dà la forza necessaria per perseverare nel mio desiderio di santità. E soprattutto, considerare l’amore di un Dio che è Creatore, Redentore e Santificatore – non dell’uomo in generale, ma di me – risveglia il desiderio di comportarmi da buon cristiano. Come si canta nell’inno Adeste fideles, “sic nos amantem, quis non redamaret”, come possiamo non corrispondere a Colui che ci ha tanto amato?
Allo stesso modo, un approfondimento dottrinale nei misteri della vita di Gesù Cristo ci aiuterà a trarre più profitto dalla lettura e meditazione del Vangelo, una comprensione più adeguata dei sacramenti ci aiuterà a ricevere l’Eucaristia e la Penitenza in modo più fruttuoso, la comprensione della maternità divina di Maria e della sua associazione volontaria con l’opera redentrice di suo Figlio darà un carattere più profondo e meno sentimentale ai nostri rapporti con lei, ecc.

5. Al servizio dell’evangelizzazione

Non di rado si leggono scritti sull’importanza della formazione intellettuale che si basano sulla sua utilità apologetica o evangelizzatrice. Quest’impostazione è certamente valida, ma sembra riduttivo relegare il suo ruolo a qualcosa di meramente funzionale, rischiando di limitarla a una catena di conoscenze che si trasmettono dall’uno all’altro senza che nessuno si fermi a riflettere su di esse.
Al contrario, una formazione vissuta e integrata in prima persona, fatta preghiera, fa sparire questo rischio. In questo caso non viene trasmesso alcun contenuto: si trasmette vita. L’evangelizzazione, quindi, non si basa più sulla trasmissione di idee e conoscenze ma su testimoni che parlano su ciò che riempie di senso e di gioia la propria esistenza, come ha ripetutamente insistito Papa Francesco23.
D’altra parte, una società secolarizzata come la nostra richiede una particolare preparazione dei cristiani che, come gli apostoli, sono chiamati a «rispondere a chiunque vi domandi ragione della speranza che è in voi» (1 Pt 3,15). Ciò implica conoscere le principali aree in cui la fede e la vita cristiana sono particolarmente in discussione (la famiglia, l’educazione, la vita) e saperle difendere in modo positivo e amichevole, adatto alla mentalità dell’altro, sfidando le idee ma rispettando le persone.

6. La dimensione intellettuale della formazione sacerdotale

Quanto abbiamo detto finora vale per tutti i cristiani, qualunque sia il loro genere di vita: uomini e donne, giovani o adulti, celibi o sposati, laici o sacerdoti. Il primo comandamento e la chiamata a identificarsi con Cristo sono rivolti a tutti.
La vocazione sacerdotale aggiunge alcune caratteristiche particolari, alcune quantitative e altre invece qualitative.
Possiamo riassumere le prime dicendo che il sacerdote deve essere più formato. La missione del presbitero – partecipazione alla missione dello stesso Gesù Cristo24 – consiste nel portare la salvezza di Dio a tutti gli uomini. Per questo richiede una preparazione speciale che gli permetta di insegnare le verità di Dio in modo convincente, adeguato alle peculiarità dell’uomo di oggi, capace di risolvere i suoi dubbi e le sue perplessità25. Questa formazione sarebbe per certi versi equivalente a quella richiesta per qualsiasi professione. Tuttavia, tutti i fedeli, compresi i laici, partecipano attraverso il loro battesimo alla missione evangelizzatrice di Cristo26, e d’altra parte il sacerdote è molto più di un “professionista dell’evangelizzazione”.
L’effetto principale dell’ordinazione è la partecipazione all’unzione o consacrazione di Cristo, che permette al sacerdote di «agire in nome di Cristo, capo della Chiesa»27 nella triplice funzione di insegnare, santificare e governare i fedeli. È proprio questa partecipazione, che determina un cambiamento qualitativo nel ministro ordinato e configura la sua partecipazione alla missione di evangelizzazione. Per questo motivo la Ratio, insistendo sul carattere unitario della formazione sacerdotale, ricorda che «la formazione intellettuale è parte della formazione integrale del presbitero; anzi, è al servizio del suo ministero pastorale e incide anche sulla formazione umana e su quella spirituale, che da essa traggono un proficuo alimento»28. Si tratta di sapere non soltanto chi è Dio per farlo conoscere agli altri, ma anche di approfondire chi sono io per svolgere in modo più consapevole ed efficace i compiti propri del mio ministero.
Questo approccio può evitare i due estremi che renderebbero insufficiente la formazione intellettuale: l’accademicismo e il pastoralismo. Il primo tenderebbe a presentare un contenuto astratto, senza ripercussioni sulla vita, sul rapporto con Dio o con gli altri; dal punto di vista pratico non farebbe alcuna differenza se si avesse o meno questa conoscenza, proprio perché è solo una conoscenza che non è stata fatta vita, integrata tramite la riflessione e la preghiera. Il pastoralismo, al contrario, consisterebbe nel guardare solo all’attività esterna – parlare, predicare, catechizzare – a cui mancherebbe un contenuto che possa riempire gli aneliti esistenziali – intellettuali e affettivi – dei destinatari. Come ci ricorda la Ratio, «lungi dall’essere relegata al solo campo delle conoscenze o dall’essere intesa soltanto come strumento per ricevere maggiori informazioni sulle singole discipline, essa accompagna i presbiteri perché si dispongano a un ascolto profondo della Parola, come anche della comunità ecclesiale, per imparare a scrutare i segni dei tempi»29.

7. Innamorarsi di Dio anche con la testa

«Amerai il Signore Dio […] con tutta la tua mente» (Lc 10,27). Penso che le seguenti parole del beato Álvaro del Portillo riassumano l’unità tra intelligenza, cuore ed evangelizzazione che abbiamo cercato di sviluppare in queste pagine: «Dio è entrato nei nostri cuori; innamoriamoci di Lui anche noi con la nostra testa. Solo in questo modo egli prenderà pieno possesso di tutto il nostro essere. Solo così la vostra pietà poggerà su un solido fondamento, e nel vostro lavoro apostolico potrete rispondere a chiunque vi domandi ragione della speranza che è in voi (cfr. 1 Pt 3,15) con fiducia e senza complessi, ma sempre con dolcezza e rispetto (cfr. ibidem, 3,16)»30.
Questo approccio evidenzia che il bisogno di formazione non finisce mai, perché non si può mai dire che si ama già abbastanza Dio (né con il cuore né con la testa), non potremo mai dire che il nostro modo di pensare e di sentire sia già completamente identificato con quello di Nostro Signore Gesù Cristo.

8. Contenuto del libro

Tra il 3 e il 7 febbraio 2020 si è svolta presso la Pontificia Università della Santa Croce (Roma) la VI Settimana di Studio per Formatori di Seminari, con il titolo “Ti concedo un cuore saggio e intelligente”. La dimensione intellettuale della formazione dei candidati al sacerdozio. Quasi cento sacerdoti provenienti da 25 paesi si sono riuniti nella Città Eterna per riflettere su questo aspetto della formazione dei candidati al sacerdozio da vari punti di vista (teologico, filosofico, pastorale e pedagogico). Sulla linea della Costituzione Apostolica Veritatis gaudium si è cercato di dare all’incontro un carattere interdisciplinare «non tanto nella sua forma “debole” di semplice multidisciplinarità, come approccio che favorisce una migliore comprensione da più punti di vista di un oggetto di studio; quanto piuttosto nella sua forma “forte” di transdisciplinarità, come collocazione e fermentazione di tutti i saperi entro lo spazio di Luce e di Vita offerto dalla Sapienza che promana dalla Rivelazione di Dio»31.
Sia nelle relazioni che nel dialogo tra i partecipanti sono emerse idee e approcci utili per approfondire l’importanza di questo aspetto della formazione e per offrirlo ai candidati in modo più attraente ed efficace.
Il presente volume raccoglie le conferenze che si sono tenute in quell’occasione. La comunità dei formatori e i professori troveranno suggerimenti utili per aiutare i candidati ad integrare la loro preparazione intellettuale con le altre dimensioni (umana, spirituale e pastorale) a beneficio della comunità che sarà loro affidata. Pensiamo inoltre che la maggior parte di questi suggerimenti siano applicabili anche a coloro che sono già stati ordinati e – per quanto riguarda i contenuti non prettamente legati al ministero presbiterale – a persone interessate a maturare nella loro fede.
Gli interventi sono stati raggruppati in tre parti che costituiscono la spina dorsale del libro.

a) Raggiungere la maturità umana e spirituale

La prima sezione mira a illustrare l’importanza della dimensione intellettuale della formazione sacerdotale e a facilitare la sua integrazione con le dimensioni umana e spirituale, sia dal punto di vista dei contenuti che nel modo di presentarla.
Il libro inizia con la riflessione di Miguel de Salis (professore di Ecclesiologia presso la Pontificia Università della Santa Croce) sulla dimensione intellettuale della maturità dei candidati, intesa come un’adeguata integrazione tra sapere e sentire. Come contributo pratico propone ai formatori degli itinerari per promuovere un sano sviluppo umano e soprannaturale dei seminaristi.
Paul O’Callaghan (professore di Antropologia Teologica presso la Pontificia Università della Santa Croce) descrive vari registri dai quali i formatori possono impulsare la crescita spirituale dei candidati al sacerdozio. Conclude che il più importante è l’intelletto – quello del seminarista ma anche quello dello stesso formatore – e propone tre mezzi concreti per prenderne profitto: da parte del seminarista, lo studio della teologia e un atteggiamento di sincerità e docilità; e da parte del formatore, l’esperienza nel lavoro di accompagnamento spirituale.
Infine, Mariano Fazio (Vice Gran Cancelliere della Pontificia Università della Santa Croce) parte nella sua presentazione dalla nota frase di Gesù nel Vangelo di san Giovanni «la verità vi renderà liberi» (Gv 8,32) per illustrare il rapporto tra verità e libertà nel compito di formazione. Uno stile formativo che riesca a mettere il candidato di fronte alla verità su se stesso, sugli altri e sul mondo gli permetterà di superare le false antinomie e di raggiungere quella libertà interiore che gli permetterà di essere se stesso nel suo cammino di configurazione con Cristo.

b) I contenuti della formazione

In senso stretto, la formazione intellettuale comprenderebbe gli studi istituzionali di filosofia e teologia, che sono trattati in questa parte. Ma in senso più ampio include anche lo sviluppo di una cultura generale (letteraria, storica, ecc.) che può essere promossa dal seminario. D’altra parte, si parlerà di come il seminario può aiutare lo studio (inteso come apprendimento, assimilazione e memorizzazione) dei contenuti e di alcuni aspetti pedagogici che dovrebbero essere presi in considerazione in tutti i lavori educativi.
Questa sezione inizia con il capitolo di Luis Romera (professore di Metafisica presso Pontificia Università della Santa Croce). Partendo dalle tappe formative proposte dalla Ratio, egli considera il discepolato come un evento profondamente umano che può essere meglio compreso dalla base intellettuale, antropologica ed esistenziale che la filosofia offre.
Philippe Curbelié (Capo Ufficio della Sezione Università della Congregazione per l’Educazione Cattolica) illustra la sua esposizione con un’immagine più volte presentata da Papa Francesco: quella del sacerdote che cammina davanti alla sua comunità per guidarla, al centro per incoraggiarla e sostenerla, e dietro per tenerla unita. Mette questa triplice posizione del pastore in relazione ai tria munera che è chiamato ad esercitare al servizio della comunità a lui affidata e illustra come gli studi teologici siano di grande aiuto per esercitare efficacemente questa funzione.
Successivamente, Florian Erlenmeyer (professore di Teologia Fondamentale e Segretario degli Studi del Seminario Redemptoris Mater di Berlino) presenta le caratteristiche fondamentali della cultura odierna, ricca di sfide per quanto riguarda la formazione delle giovani generazioni. Prendendo spunto da una narrativa che parte dalla propria storia, propone alcune idee che possono aiutare il lavoro nel seminario.
Un’ampia esperienza come bibliotecario e formatore del Seminario Internazionale Sedes Sapientiae permette a Vito Reale (docente di Patologia presso la Pontificia Università della Santa Croce) di presentare il ruolo della comunità dei formatori in generale e di ogni formatore in particolare nell’aiutare i candidati a sfruttare al meglio il tempo dedicato allo studio. A tal fine, sottolinea che il seminario deve assicurare un numero adeguato di ore così come delle strutture idonee, e che ogni formatore, senza uscire dal suo ambito, può essere di grande aiuto per i seminaristi nel loro ruolo di studenti.
Conclude questa parte Marisa Musaio (docente di Pedagogia Generale e Sociale presso l’Università Cattolica del Sacro Cuore). Presenta il lavoro educativo come un compito che va ben oltre la trasmissione di contenuti da un punto di vista puramente esterno (memorizzare testi, conoscere delle tecniche, ottimizzare i risultati). Al contrario, si tratta di prestare attenzione all’interiorizzazione, affinché il seminarista concluda il suo periodo di formazione iniziale “attrezzato” di contenuti teorici e pratici che lo aiuteranno ad affrontare con successo le varie situazioni che incontrerà nella sua vita di sacerdote.

c) Educando evangelizzatori

Il libro si conclude descrivendo il fine ultimo di tutto il lavoro formativo nel seminario: formare pastori secondo il cuore di Cristo. Una solida preparazione intellettuale sarà un solido punto di appoggio nella missione evangelizzatrice.
Il ruolo fondamentale dei professori, considerati come autentici maestri dei candidati, è sottolineato da S.E.R. mons. Stefano Manetti (Vescovo di Montepulciano-Chiusi-Pienza e Delegato della Conferenza Episcopale Italiana per i Seminari). Nel loro compito formativo, i professori sono chiamati a coinvolgersi personalmente con la loro intelligenza e il loro cuore, esercitando una paternità di cui i candidati spesso hanno bisogno e vivendo il loro lavoro come una kenosi al servizio dei loro studenti.
Il volume si chiude con l’intervento di Lucio Adrián Ruiz (Segretario del Dicastero per la Comunicazione), che descrive le sfide che i nostri tempi, caratterizzati dall’onnipresenza della tecnologia, pongono alla trasmissione della fede. Mette in risalto come il mondo digitale sia allo stesso tempo uno spazio attraverso il quale evangelizzare e un nuovo mondo da “missionare”.
* * *

Ci auguriamo che questo libro possa essere uno strumento utile ai diversi protagonisti della direzione dei seminari e ai professori affinché possano aiutare ad amare Dio con tutto il loro cuore e con tutta la loro mente. In questo modo svilupperanno un cuore “saggio e intelligente” che permetterà loro di svolgere l’opera di evangelizzazione come testimoni di una realtà vissuta in prima persona: quella di Dio che ci ama e ci invita a una vita di comunione con Lui.
Per concludere la presentazione, vorrei ringraziare tante persone che hanno reso possibile la felice realizzazione di questo libro, in particolare gli altri membri del Comitato Direttivo del Centro di Formazione Sacerdotale della Pontificia Università della Santa Croce, i professori Paul O’Callaghan, Manuel Belda e Miguel de Salis. Infine, ringrazio il dott. Francesco Calogero per la sua collaborazione nella revisione e nel miglioramento dello stile di alcuni capitoli.
20 Segretario del Centro di Formazione Sacerdotale e Professore incaricato di Bioetica presso la Pontificia Università della Santa Croce (Roma).
21 San Josemaría Escrivá, Solco, Milano, Ares 1986, n. 428.
22 Sant’Anselmo d’Aosta, Proslogion. Anzi, il titolo completo dell’opera è Proslogion seu fides quaerens intellectum.
23 Cfr., tra altri, Francesco, esortazione apostolica Evangelii gaudium, 24 novembre 2013, nn. 149-151.
24 Cfr. Concilio Vaticano II, Decreto Presbyterorum Ordinis, 7 dicembre 1965, n. 2.
25 Cfr. Congregazione per il Clero, Il dono della vocazione presbiterale. Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, 8 dicembre 2016, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2016, n. 116.
26 Cfr. Concilio Vaticano II, Costituzione Dogmatica Lumen gentium, 21 novembre 1964, nn. 30-38; Idem, Decreto Apostolicam actuositatem, 8 novembre 1965.
27 Idem, Decreto Presbyterorum Ordinis, 7 dicembre 1965, n. 2. Cfr. anche n. 12.
28 Congregazione per il Clero, Il dono della vocazione presbiterale, n. 117.
29 Ibidem, n. 118.
30 Beato Álvaro del Portillo, Lettera pastorale, 19 maggio 1992, n. 35.
31 Francisco, Costituzione Apostolica Veritatis gaudium, 8 dicembre 2017, Proemio, n. 4, c).