¿María Corredentora?

Autor
Antonio Ducay
Publicación
marzo 2021

Este artículo se puede consultar también en ingles: English traduction.


Para orientarse en esta cuestión teológica se puede partir de dos ideas fundamentales:

La primera es que solo Dios puede redimir y salvar. La redención comporta el perdón de los pecados y también la amistad de la Trinidad, la gracia por la que Dios se dona al hombre. Es algo que solo el Señor puede conceder. Desde este punto de vista la humanidad está siempre en el lado de quién debe recibir tanto el perdón como la gracia.

La segunda idea es que Dios realiza la redención por medio de la Encarnación: de la vida y de la Pascua de Cristo. Y en este orden (del medio elegido por Dios para redimirnos) existe de hecho una cooperación humana. Lo muestra la dinámica misma de la Encarnación: "María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo" (LG 56).

La Tradición de la Iglesia ha dado también particular relieve a la presencia de María al pie de la cruz acompañando a su Hijo. El Concilio Vaticano II presenta así la escena: "avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida (cf. Jn 19, 25), sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado" (LG 58).

Fundándose en esa unidad física y espiritual de la vida de María con la de Jesús, el Concilio habla de una cooperación especial de la Virgen en la obra redentora: "cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas"(LG 61).

¿Se puede decir, en base a estos textos o a otros semejantes, que María es Corredentora? La respuesta es: depende. Hay que ver cómo entiende esa afirmación el que la dice o el que la escucha, porque el título, en sí mismo, contiene cierta ambigüedad. Tal vez en algunos contextos se entenderá bien, pero seguramente no en todos.

Nos puede ayudar a entender el tema una analogía eucarística. Para celebrar la Santa Misa es necesaria la presencia del sacerdote, y sin esa presencia el sacrificio de Cristo no puede actualizarse sacramentalmente. Pero esto no excluye que también se pueda decir que la celebración corresponde a toda la asamblea litúrgica, al pueblo cristiano presente en la Eucaristía, que, por su sacerdocio común, se asocia a la acción ministerial del sacerdote. Para celebrar la Eucaristía basta que esté presente la acción de Cristo (por el ministerio del sacerdote) pero, a la vez, toda la asamblea “celebra”, en cuanto se deja voluntariamente asociar a esa acción del Señor. Y así la Eucaristía es acción de Cristo y de la Iglesia.

De un modo semejante se puede decir que solo Cristo es Redentor y a la vez que la Iglesia, asociada por Jesús a la Redención, colabora en esa tarea: es corredentora. En efecto, también los discípulos colaboraron con Cristo en la difusión del Evangelio. No sólo predicaron, también hicieron milagros en su Nombre. Fueron –como dice S. Pablo– “colaboradores de Dios" (1Co 3,9). Esta colaboración se aplica la Iglesia y se puede aplicar también a María. Ella, sin embargo, está asociada a la obra redentora de un modo especial, distinto del de los demás fieles. Siguiendo con la analogía litúrgica se puede decir que, de la misma forma que el diacono tiene un lugar especial en la celebración eucarística, junto al sacerdote y distinto del de los demás fieles, también María tiene un lugar especial en la colaboración redentora: junto a Cristo, con una unión más íntima y diversa por naturaleza a la de los demás cristianos, que toca a la ciencia teológica discernir.

Pero, en definitiva, estos matices hacen que subsista cierta ambigüedad, difícil de evitar, en el título de Corredentora . El "co-" de la palabra puede ser interpretado en sentido de una concausalidad eficiente, y entonces se caería en el error de pensar que la redención es obra común de dos. En cambio, la Redención es únicamente obra de Cristo, pues sólo Él es capaz de realizarla. En este sentido (estricto), María no es corredentora, pues no es en modo alguno “fuente” de la que mana la Redención, en modo análogo a como el diacono no es “fuente” para el sacrificio eucarístico, no es un "concelebrante" en el sentido estricto, litúrgico, de la palabra.

Esta ambigüedad es el motivo por el que el título ha encontrado con frecuencia resistencias tanto entre los teólogos como en el ámbito del Magisterio, aunque bien entendido sea un título legítimo, y haya sido utilizado en ocasiones por el mismo Magisterio.

Quienes afirman que María no es corredentora suelen querer excluir un modo de entender la fe poco acorde con la mediación única de Cristo, que ven, tal vez, materializado en algunos ambientes particularmente pietistas. No desean negar la cooperación de María en la obra salvadora de Cristo, porque esto es doctrina ordinaria de la Iglesia; simplemente quieren subrayar que sólo Cristo puede ser fuente de la Redención y entienden que el título de Corredentora puede desdibujar está verdad.