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Lunes, 04 Mayo 2015

Guillaume Derville, Amor y desamor. La pureza liberadora

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"En esta meditación teológico-espiritual, Derville da un paso más adelante, a mi parecer, muy necesario en estos momentos. Aborda el tema con profundidad antropológica, desde la vocación fundamental de la persona al amor, viendo así la pureza de modo positivo como liberadora. Además trata esta dimensión humana en toda su aplitud: santa pureza, matrimonio y celibato apostólico."

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Guillaume Derville, Amor y desamor. La pureza liberadora. Rialp, Madrid 2015, 232 p.

Un título auténtico y claro para un tema de especial actualidad y a primera vista arduo y difícil. El presente libro de espiritualidad, en forma de meditación teológica, tiene como autor Mons. Guillaume Derville, ya conocido por sus escritos sobre san Josemaría Escrivá de Balaguer, Jean Daniélou, la concelebración eucarística, y otros trabajos e iniciativas, especialmente en el campo de la formación sacerdotal en la Pontifica Universidad de la Santa Cruz (Roma), en la que es profesor de la facultad de teología.

Después de la Encíclica Humanae vitae, mucho se ha reflexionado sobre el matrimonio, en el contexto de la fundamental vocación de la persona humana al amor. San Juan Pablo II sintió pronto el deber de facilitar a los fieles y a todas las personas, la comprensión de esa encíclica profética mediante sus reflexiones antropológicas, desde la teología y la filosofía, en especial con su preparación en el campo fenomenológico, cultivado de modo original con alcance metafísico (“Amor y responsabilidad”; la larga serie de audiencias sobre “Hombre y mujer lo creó”; la exhortación apostólica Familiaris consortio).

Muchos matrimonios están profundamente agradecidos al beato Pablo VI por su heroica decisión magisterial, tomada no sin una especial ayuda del Espíritu Santo, contemporánea a la revolución del '68, a veces olvidada como pasajera revuelta estudiantil.  En realidad la del 1968 ha sido probablemente la revolución antropológica más radical, porque no intentaba algo parcial; buscaba liberarse de las inclinaciones profundas de la naturaleza de la persona humana. Un gran número de personas en todo el mundo siguieron el magisterio pontificio y, muchas veces, sólo al ponerlo en práctica comprendieron su verdad.

Algún tiempo después se ha hecho necesaria una reflexión sobre el don del celibato, que Cristo y el Espíritu Santo han difundido abundantemente entre los discípulos de Jesús ya desde los tiempos apostólicos. Un gran don de Dios, comprendido muchas veces casi intuitivamente, como por connaturalidad, gracias al ejemplo de vida de tantos cristianos, especialmente de sacerdotes y religiosos. Sin embargo, las transformaciones sociales y culturales de la segunda mitad del siglo XX exigen ahora una profundización mayor, más razonada, que ayude a apreciarlo y a vivirlo como un tesoro para la humanidad, para quien recibe el don y para los demás, aunque en no pocas circunstancias signifique ir contra corriente.

El celibato sacerdotal ha sido objeto del Magisterio pontificio (Encíclica Sacerdotalis coelibatus, también del beato Pablo VI), tema de asambleas del Sínodo de Obispos, de escritos de la Congregación para el Clero (por ej. el volumen colectivo, Solo per amore: riflessioni sul celibato sacerdotale, introduzione di José T. Sánchez. Edizioni paoline, Cinisello Balsamo 1993, 222 p.), de la Congregación para la educación católica (Orientamenti educativi per la formazione al celibato sacerdotale, 1974) y de importantes trabajos teológicos e históricos (recordemos entre otros los de Stickler, Cochiny, Marzotto).

Sin embargo algunas publicaciones sobre el celibato de los sacerdotes, incluso de notable valor bajo muchos aspectos, han presentado el matrimonio como un cierto obstáculo para la santidad, no captando en toda su hondura la llamada universal a la santidad, proclamada solemnemente en la Constitución dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II. Otros estudios, en cambio, han sabido superar esa insuficiencia teológica, como por ejemplo el volumen también francés de Laurent Touze, L'avenir du célibat sacerdotal et sa logique sacramentelle (P. Lethielleux, Paris 2009, 281 p.).

En esta meditación teológico-espiritual, Derville da un paso más adelante, a mi parecer, muy necesario en estos momentos. Vale la pena recordar que Rémi Brague ha declarado en 2013 no haber oído nunca una homilía sobre este tema (en Le Monde 30-IX-2013). El adelanto consiste en abordarlo con profundidad antropológica, desde la vocación fundamental de la persona al amor, viendo así la pureza de modo positivo como liberadora. Además trata esta dimensión humana en toda su amplitud: santa pureza, matrimonio y celibato apostólico. Es muy posible que su familiaridad con las enseñanzas de san Josemaría le haya movido a reflexionar con magnanimidad sobre el tema. En Camino, el santo escribe (punto120): “¿Pureza? —preguntan. Y se sonríen. —Son los mismos que van al matrimonio con el cuerpo marchito y el alma desencantada. Os prometo un libro —si Dios me ayuda— que podrá llevar este título: "Celibato, Matrimonio y Pureza"”. Al meditar repetidamente estas palabras, un sacerdote con pasión teológico-pastoral siente el impulso de tratar el tema en su unidad real.

El autor parte del misterio de Cristo, para dar el contexto necesario al resto de su meditación. Junto al cristocentrismo trinitario, diría que “el corazón” tratado en su alcance bíblico y humano, en el cap. 1º, marcan las bases profundas del libro. Dios pide a todos un amor con todo el corazón. Este amor permite querer con corazón limpio y apasionado las realidades terrenas y con gran generosidad a los demás.

Como explica Derville en la introducción, de este modo, la castidad aparece en su auténtico rostro, no como algo puramente formal, sino naciendo del corazón, expresa el don de sí (c. 2º), a la vez que es recibida como un don de Dios (c. 3º) y se inscribe en el culto en espíritu y en verdad, que Dios ha instaurado con el misterio de la Eucaristía (c. 4º). La iniciativa es divina, porque Dios nos amó primero, como recuerda con mucha frecuencia el Papa Francisco.

La santa pureza de corazón y de cuerpo es inseparable del equilibrio personal (c. 5º), pero es también una conquista que exige valor (c. 6º) y que la sociedad no debería obstaculizar, sino promover, también para mejorar la vida social y los procesos educativos (c. 7º).

Toda persona humana está llamada a vivir la pureza liberadora dentro de una vocación, que permite el despliegue del don de sí en el matrimonio (c. 8º) o en el celibato cristiano (c. 11º), “dos caminos en los que la ternura y la fecundidad reflejan la fuerza del amor que libera” (p. 23).

El adjetivo “cristiano” enriquece teológicamente el término “celibato”, que de suyo no expresa el motivo del estado personal y social de no estar casado. Todo fiel está llamado por Dios, mediante los sacramentos de la iniciación cristiana, a la santidad y al apostolado, por su identificación con Cristo. De ahí el acierto de tratar también de la paternidad y maternidad espirituales, porque todo celibato cristiano recibido de Dios es para la evangelización. Vivido con humildad y espíritu de servicio, es un don que agranda el corazón de modo que Cristo pueda amar a través de él.

El prof. Derville ofrece en este libro una meditación profunda y sugestiva, literariamente muy bella, con un lenguaje cuidado, evitando en lo posible los tecnicismos, para que pueda ser leída con gusto y provecho por todo cristiano culto. El estilo invita a la reflexión personal y al diálogo con Dios, ofrece razones que refuerzan la propia vocación de hijos de Dios. Se alternan hondas consideraciones teológicas, citas de la S. Escritura, y de los Santos Padres con reflexiones cordialmente humanas, con avisos de experimentada prudencia y de conocimiento de las almas y de su progreso espiritual. El celibato es mostrado en su realidad auténtica, no de un peso difícil de soportar, sino de un regalo de Dios inmerecido, como unas alas que permiten al alma volar desde la aurora del despertar al amor hacia el sol de la Vida en Dios. Surge espontáneo el pensamiento de que la castidad es virtud muy bella para la vida de todas las personas. Con ella hombres y mujeres aman con generosidad y aprenden a ser felices, con la alegría del Evangelio.

         Lluís Clavell

Profesor emérito de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz

Miembro ordinario de la Pontificia Academia de Santo Tomás