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Viernes, 24 Junio 2011

39. Formación doctrinal-religiosa

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Formación doctrinal-religiosa

1. Piedad de niños y doctrina de teólogos

La formación espiritual, la formación apostólica y la formación profesional necesitan el fundamento de la formación doctrinal-religiosa. Es necesario conocer a fondo la doctrina cristiana para la vida espiritual, para el apostolado y para santificar las realidades de este mundo, según el espíritu del Opus Dei.

En primer lugar para la vida espiritual. Piedad y doctrina son cosas distintas, pero van unidas. Puede haber personas con muy poca cultura y, sin embargo, que están muy cerca de Dios. El Espíritu Santo -que es el Maestro interior- les concede la sabiduría. Pero esas mismas personas, precisamente por el amor de Dios que les mueve, suelen sentir hambre de conocer mejor la doctrina cristiana. El Cura de Ars, San Juan María Vianney, sirve de ejemplo. Había recibido muy poca cultura de niño, y, por eso, le costaron tanto y no brilló en sus estudios para el sacerdocio. Alcanzó una gran santidad por el amor de Dios que le movía. Pero durante toda su vida puso un empeño heroico para profundizar en la doctrina y para enseñarla a sus fieles.

La piedad necesita de la doctrina porque, al profundizar en el conocimiento de Dios y de sus obras, se le ama mejor. Y el mismo amor de Dios enciende el deseo de conocerle más. “El afán por adquirir esta ciencia teológica -la buena y firme doctrina cristiana- está movido, en primer término, por el deseo de conocer y amar a Dios. A la vez, es también consecuencia de la preocupación general del alma fiel por alcanzar la más profunda significación de este mundo que es hechura del Creador”[1]. Dice San Ambrosio: “No hay nada que dé más vida al alma que la doctrina divina: cuanto más aumente en nuestra alma la palabra de Dios, cuanto mejor la recibamos, y la entendamos y comprendamos, tanto más crecerá la vida del alma: y por el contrario, cuando falte la doctrina, disminuirá esa vida”[2].

En segundo término, para el apostolado. La doctrina, una doctrina viva y asentada en la piedad, es necesaria también para el apostolado: “Apostolado de la doctrina: ése será siempre tu apostolado[3]. Para dar a conocer mejor los misterios de la fe. Para resolver las dificultades o las inquietudes que puede tener la gente. Para superar también algunas críticas bien o menos bien intencionadas que otros puedan suscitar. Son muchas las deformaciones sobre la doctrina y la vida del Señor y de la Iglesia que circulan por los canales de la comunicación y de la enseñanza. Y, a veces, condicionan gravemente las mentes de las personas; en ocasiones, hasta constituir una verdadera esclavitud. También en este aspecto, hay que vencer el mal con abundancia de bien.

“Ante tanta ignorancia y tantos errores acerca de Cristo, de su Iglesia [...] de las verdades más elementales, los cristianos no podemos quedarnos pasivos, pues el Señor nos ha constituido ‘sal de la tierra’ (Mt 5, 13) y ‘luz del mundo’ (Mt 5, 14). Todo cristiano ha de participar en la tarea de formación cristiana”[4]. Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser antinada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz[5].

La ignorancia y muchas deformaciones se pueden superar con una doctrina bien y bellamente expuesta, donde brille la verdad de Dios, que es luz para la mente humana y alegría para el corazón. San Josemaría insistía mucho en el “don de lenguas”, la capacidad de explicar las cosas y de acomodarse a quien nos oye para hacerse entender. “Algunos no saben nada de Dios ..., porque no les han hablado en términos comprensibles”[6]: “Don de lenguas, saber transmitir la ciencia de Dios: recurso imprescindible para quien ha de ser apóstol. -Por eso, todos los días pido a Dios nuestro Señor que lo conceda a cada una y a cada uno de sus hijos”[7]. A este propósito afirmaba San Juan Crisóstomo: “Si no se sabe presentar la doctrina condimentada con la gracia y la sal del bien decir (....) nada se consigue”[8].

Como conclusión, tanto para la propia santidad, como para el apostolado, “cada uno ha de esforzarse, en la medida de sus posibilidades, en el estudio serio, científico de la fe; y todo esto es la teología. Piedad de niños, por tanto, y doctrina segura de teólogos”[9].

 

2. Contenidos y estilo de la formación doctrinal

Todos los que son del Opus Dei y quienes se acercan a sus apostolados tienen la oportunidad de recibir abundantemente formación doctrinal.

A los que piden la admisión se les imparte con la formación inicial, un curso de doctrina cristiana, para que conozcan suficientemente los fundamentos de la fe. Después, los Numerarios y algunos Agregados realizan, al ritmo que conviene a cada uno, en atención a sus circunstancias y obligaciones particulares, estudios de filosofía y teología a nivel académico. Las Numerarias auxiliares también realizan estudios de Filosofía y Teología, adecuados a sus circunstancias personales. Los demás miembros del Opus Dei, Agregados y Supernumerarios, estudian de manera más resumida los principales contenidos de la teología y muchas cuestiones doctrinales de actualidad, en ciclos de conferencias y en las convivencias anuales[10].

San Josemaría quería que esta enseñanza, sin perder profundidad, se hiciera con la debida amenidad, con atractivo, prestando la suficiente atención a la situación cultural de los distintos grupos de personas y de cada lugar, y a la condición de quienes asisten. De manera directa y próxima, para que cada uno pueda resolver sus dudas y prepararse bien para dar razones de nuestra esperanza[11].

 

3. Siempre basados en la doctrina de la Iglesia

El Opus Dei, por voluntad de su Fundador, no sostiene ni sostendrá nunca oficialmente doctrinas propias en lo que se refiere a la enseñanza de la Filosofía y de la Teología. Se enseña la doctrina cristiana tal como la recibe y la transmite la misma Iglesia; con una fiel adhesión al Magisterio. Se enseñan también las conclusiones más ciertas y recibidas universalmente de la ciencia teológica. Procurando proporcionar el conjunto de la cultura filosófica y teológica que hoy conviene a un cristiano, y que le ayudan a su santidad y a dar motivos y explicaciones de su fe: pero el Opus Dei no se adhiere como institución –ni tiene como propio– a ninguna escuela filosófica o teológica[12].

En esas cuestiones los profesores, siguen la doctrina de Santo Tomás de Aquino, porque ha sido alabada y recomendada en repetidas ocasiones por los Romanos Pontífices[13]. Es el mismo criterio que señala el decreto del Concilio Vaticano II dedicado a la formación sacerdotal, cuando recomienda “profundizar en los misterios de la fe y descubrir su mutua conexión (...) bajo el magisterio de Santo Tomás”[14].

La amplia libertad que deja la Iglesia a sus fieles en las cuestiones opinables, que son la mayoría, se extiende también al campo de la filosofía y de la teología, junto con la responsabilidad, que lleva a preocuparse seriamente por alcanzar la verdad, a ser prudente en las cuestiones delicadas y debatidas entre los especialistas, respetando siempre a todos. Y, cuando se trata de la teología cristiana, no se debe perder nunca de vista el aprecio que merecen las cosas de Dios y el misterio que envuelven.

La piedad necesita doctrina y la doctrina necesita piedad. Escribía el papa San Gregorio Magno: “Muy inútil es la piedad si le falta la discreción de la ciencia”; pero también “Nada es la ciencia si no tiene la utilidad de la piedad”[15]. Una teología que no se apoyara en la piedad quedaría como flotando, y expuesta a cualquier deriva; en lugar de encender el amor de Dios podría deformarse al servicio de la propia vanidad o para justificar las propias desviaciones.

 

4. Una gran catequesis

San Josemaría definía muchas veces el Opus Dei, como “una gran catequesis”, porque la actividad principal y casi exclusiva del Opus Dei consiste en “dar doctrina”, en proporcionar la formación espiritual y doctrinal-religiosa a sus miembros y a los que participan en sus apostolados.

Y esto se hace con medios de formación personal, como es la dirección espiritual. Y con medios colectivos, para grupos de personas, como son meditaciones, retiros, conferencias, convivencias, semanas de estudio, cursos de formación o cursos de retiro.

Esto exige mucho de quienes los preparan y de quienes dan los medios de formación. Han de ser muy conscientes de la importancia de organizarlos bien, de prepararlos con la debida profundidad y buscando las maneras de presentar las cosas de modo amable y profundo a la vez: que ilustren y ayuden.

También exige mucho de quienes los reciben, para aprovecharlos. Mantener la ilusión y las ganas de seguir aprendiendo, “con la ilusión de la primera vez” decía, a veces, San Josemaría. La doctrina de la Iglesia siempre es una realidad viva y joven, de la que se puede sacar luz y vida nuevas. Pero requiere atención para captarla y meditación para profundizar en ella.

En el caso de los estudios de filosofía y teología, San Josemaría solía pedir a todos que pusieran el mismo o mayor empeño que en sus estudios civiles. Toda la seriedad del estudio está reflejada en este punto de Camino: “Para un apóstol moderno, una hora de estudio es una hora de oración”[16]. Se refería a la importancia de impregnar todos los ambientes y los saberes humanos con la luz del Evangelio. Era muy consciente del formidable obstáculo que pueden suponer algunas ciencias si adquieren un tono anticristiano. Por eso, “Al que pueda ser sabio, no le perdonamos que no lo sea”[17].

Pero esto necesita un conocimiento muy profundo y muy meditado tanto del propio saber –ciencia, profesión, etc.– como de la doctrina, que ha de iluminarlo. Cada uno debe hacer esa tarea, con responsabilidad, en su propio ámbito de conocimiento: “Estudiante: fórmate en una piedad sólida y activa, destaca en el estudio, siente anhelos firmes de apostolado profesional. -Y yo te prometo, con ese vigor de tu formación religiosa y científica, prontas y dilatadas expansiones”[18]. “Urge difundir la luz de la doctrina de Cristo. Atesora formación, llénate de claridad de ideas, de plenitud del mensaje cristiano, para poder después transmitirlo a los demás. - No esperes unas iluminaciones de Dios, que no tiene por qué darte, cuando dispones de medios humanos concretos: el estudio, el trabajo”[19]: “Estudia. -Estudia con empeño. -si has de ser sal y luz, necesitas ciencia, idoneidad. ¿O crees que por vago y comodón vas a recibir ciencia infusa?”[20].

En cada circunscripción –que en muchos lugares coincide con el territorio de un país– donde trabaja la Prelatura, el Vicario Regional, con la confirmación del Prelado, erige un Studium Generale, con un cuerpo de profesores para los estudios teológicos y filosóficos. Se ocupan de la formación doctrinal en las convivencias y cursos de formación. Cada circunscripción tiene también Centros de Estudios tanto para Numerarias como para Numerarios, donde se imparte durante algunos años una formación más intensa. Algo semejante se busca para los Agregados y Supernumerarios con los denominados Cursos de Estudios. Y todos mejoran su formación doctrinal-religiosa en las Convivencias anuales, que se organizan, generalmente, aprovechando los periodos vacacionales. El ritmo de esta formación se adapta y se hace compatible con las obligaciones familiares y profesionales de cada uno. Además el Prelado erige Centros Interregionales para la formación espiritual, filosófica y teológica de los profesores de estas materias, de otros fieles de la Obra que desempeñan tareas de formación y de los candidatos al sacerdocio[21]. Estos Centros Interregionales son actualmente, para mujeres, el Colegio Romano de Santa María (Roma) y el Colegio Mayor Goroabe (Pamplona); y, para hombres, el Colegio Romano de la Santa Cruz (Roma) y el Colegio Mayor Aralar (Pamplona).

 

Juan Luis Lorda
Junio 2011

 

Bibliografía básica

  • Concilio Vaticano II, Decretos Optatam totius y Apostolicam actuositatem
  • San Josemaría, Camino, nn. 332-359
  • Beato Juan Pablo II, Encíclica Fides et ratio (14-IX-1998)
  • Codex iuris particularis seu Statuta Praelaturae Sanctae Crucis et Operis Dei, nn. 96-109 (28-XI-1982)

 

© CRIS 2011


[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 10.

[2] San Ambrosio, Expositio in Psalmum, 118, 7, 7.

[3] San Josemaría, Surco, n. 225.

[4] Beato Juan Pablo II, Discurso en Granada, 15-XI-1982.

[5] San Josemaría, Surco, n. 864.

[6]Ibid., n. 941.

[7]Ibid., n. 899.

[8] San Juan Crisóstomo, In Iohannem hom., 53, 2.

[9] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 10.

[10] Cfr. Codex iuris particularis seu Statuta Praelaturae Sanctae Crucis et Operis Dei, n. 101 (28-XI-1982).

[11] Cfr. 1P 3, 15.

[12] Cfr. Codex iuris particularis seu Statuta Praelaturae Sanctae Crucis et Operis Dei, n. 109 (28-XI-1982).

[13] Cfr. Ibid., n. 103 (28-XI-1982).

[14] Concilio Vaticano II, Decreto Optatam totius, n. 16.

[15] San Gregorio Magno, Moralia, I, 32.

[16] San Josemaría, Camino, n. 335.

[17]Ibid., n. 332.

[18]Ibid., n. 346.

[19]Id., Forja, n. 841.

[20]Id., Camino, n. 340.

[21] Cfr. Codex iuris particularis seu Statuta Praelaturae Sanctae Crucis et Operis Dei, nn. 98 y 102 (28-XI-1982).

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