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Jueves, 07 Octubre 2010

46. Labor de San Rafael (II)

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Labor de San Rafael (II)

 

 

1. Medios e instrumentos

La actividad principal del Opus Dei consiste en dar a sus miembros, y a las personas que lo deseen, los medios espirituales necesarios para vivir como buenos cristianos en medio del mundo. Les hace conocer la doctrina de Cristo, las enseñanzas de la Iglesia; les proporciona un espíritu que mueve a trabajar bien por amor de Dios y en servicio de todos los hombres. Se trata, en una palabra, de comportarse como cristianos: conviviendo con todos, respetando la legítima libertad de todos y haciendo que este mundo nuestro sea más justo”[1].

La transmisión de la fe es ante todo el anuncio de Jesucristo para llevar a la fe en Él[2]. La vida cristiana consiste fundamentalmente en ir hacia Jesús y vivir con Él: buscarle, encontrarle y amarle continuamente[3]. Para poder identificarnos con los sentimientos que llenaban su corazón de Redentor[4], necesitamos conocer cada vez mejor su vida y sus enseñanzas. Como explica Benedicto XVI, el mensaje cristiano no es “sólo «informativo», sino «performativo». Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida”[5].

Para lograr esta finalidad “performativa”, la obra de San Rafael cuenta con una gran variedad de medios y actividades. Algunos corresponden a los que San Josemaría llamaba “medios tradicionales”, que caracterizan de manera esencial el apostolado que los fieles del Opus Dei realizan con la gente joven, y que no se dejan nunca –aunque existan dificultades–, porque tienen una eficacia probada en bien de las almas. Además, pueden organizarse otras actividades, de tipo diverso –culturales, deportivas, etc.–, con una orientación educativa y apostólica.

“Los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona”[6]. La tarea de proporcionar esta “pedagogía de la santidad” se hace más necesaria en tiempos de confusión doctrinal, porque a muchos jóvenes les falta, incluso, la preparación cristiana más elemental[7]. Los medios de formación de la obra de San Rafael constituyen un proceso educativo, una escuela de vida cristiana, que se dirige a la persona entera: inteligencia, corazón y voluntad. No se trata simplemente de transmitir unas ideas, sino de ayudar a que la gente joven, de manera libre y activa, haga vida de su vida el mensaje de Cristo.

2. Cursos de formación, meditaciones, retiros, cursos de retiro

A comienzos de 1933, San Josemaría impartió el primero de los que después se llamarían “círculos de San Rafael”. Los círculos o clases de San Rafael son el eje alrededor del cual se organizan el resto de medios tradicionales. Incluyen tanto el curso preparatorio como los cursos profesionales.

El curso preparatorio es un ciclo de sesiones sobre la vida cristiana. El temario está basado en el Evangelio y en el Catecismo de la Iglesia Católica, y contiene explicaciones sobre los sacramentos, la oración, las virtudes cardinales y teologales, el sentido de la filiación divina, el encuentro con Dios en el estudio, en el trabajo y en las relaciones sociales, etc. Las clases son breves, tienen un tono familiar y apostólico, y el enfoque es práctico: ayudar a descubrir la belleza de vivir coherentemente la fe en las circunstancias ordinarias de cada persona. Como complemento a las lecciones, quien dirige el curso habla periódicamente con los asistentes que lo deseen, para resolver posibles dudas y orientar y animar su vida cristiana y su apostolado.

La participación en el curso preparatorio requiere un mínimo de conocimiento de la doctrina católica. Si es necesario, antes se pueden impartir sesiones sobre la fe –o incluso sobre virtudes humanas–, para que los interesados adquieran las nociones previas fundamentales de la vida cristiana.

Al acabar el curso preparatorio, quienes lo deseen se pueden incorporar a los cursos profesionales. Éstos tienen como objetivo proporcionar un conocimiento teórico–práctico profundo de la fe y la moral católica, que sirva para reflexionar y vivir libre y responsablemente la propia identidad cristiana. Responden a la necesidad, tan esencial para el cristiano, de razonar desde la fe, desde Cristo: “Todo el que cree, piensa; piensa creyendo y cree pensando [...]. Porque si lo que se cree no se piensa, la fe es nula”[8]. Efectivamente, “el intelecto debe ir en búsqueda de lo que ama: cuanto más ama, más desea conocer. Quien vive para la verdad tiende hacia una forma de conocimiento que se inflama cada vez más de amor por lo que conoce”[9].

El temario de estos cursos es variado: abarca desde cuestiones éticas y antropológicas fundamentales (sobre el matrimonio, la educación, el respeto de la vida, etc.), hasta temas doctrinales de actualidad, que muchas veces tienen su origen en la publicación de un documento del Magisterio de la Iglesia. De ordinario, durante una primera etapa se explican materias de interés general, adaptadas a las circunstancias de los participantes. Después, en un segundo ciclo del curso, se pueden tratar temas especializados de deontología profesional, por ejemplo, agrupando a los asistentes según profesiones o intereses afines. El Catecismo de la Iglesia Católica constituye un material de referencia para la preparación de estos ciclos.

En los cursos profesionales, junto con la parte especulativa, se anima a los participantes a aprovechar los conocimientos que reciben, para alimentar y fortalecer su vida cristiana y el apostolado con sus parientes, amigos y colegas. Como señalaba Juan Pablo II, la responsabilidad que supone tener la fe “significa también amarla y buscar su comprensión más exacta, para hacerla más cercana a nosotros mismos y a los demás en toda su fuerza salvífica, en su esplendor, en su profundidad y sencillez juntamente”[10].

Además de los cursos de formación, en cada centro de San Rafael se organiza al menos una meditación semanal predicada por el sacerdote: un rato de oración a partir de un texto del Evangelio, de la liturgia del día, etc. La oración es una exigencia de la vida cristiana: “El contacto vivo con Cristo es la ayuda decisiva para continuar en el camino recto [...]. Quien reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una situación de emergencia y parezca impulsar sólo a la acción”[11]. Por eso, la pedagogía del arte de la oración será siempre una prioridad educativa en la obra de San Rafael.

Si es posible, la meditación se suele tener los sábados, día tradicionalmente dedicado a la Virgen, como manifestación de amor a la Madre de Dios. De ordinario, la meditación va seguida de la exposición y bendición con el Santísimo Sacramento y del canto de la Salve o de otra antífona mariana, según el tiempo litúrgico. Es una expresión más del lugar central que ocupa la Eucaristía en la Iglesia.

Mensualmente se tiene un día de retiro espiritual y, a lo largo del año, se organizan cursos de retiro, de varios días de duración. Son dos prácticas recomendadas por la Iglesia para alimentar la vida espiritual y alcanzar la gracia de la conversión del corazón[12]. Además, la experiencia muestra que resultan también una ocasión propicia para acercar a parientes y amigos a la labor de San Rafael.

3. Catequesis y visitas a los pobres de la Virgen

La catequesis y las visitas a los pobres de la Virgen son también medios tradicionales de la labor de San Rafael. Resultan muy aptos, tanto para preparar a los que luego podrán incorporarse a los círculos, como para complementar la formación de los que ya asisten a esos círculos.

La catequesis es una obra de misericordia espiritual –enseñar al que no sabe[13]–, que tiene una gran importancia en la misión de la Iglesia. Como decía el cardenal Newman, “cualquier chico bien instruido en catecismo es, sin él sospecharlo, un auténtico misionero”[14]. Dentro de la obra de San Rafael, se preparan muchos catequistas, dispuestos a colaborar en parroquias, escuelas, etc. Las clases de catequesis son un rasgo muy propio del espíritu del Opus Dei: de hecho, San Josemaría se refería a la tarea que desempeña el Opus Dei al servicio de la Iglesia como “una gran catequesis[15].

Con las visitas a los pobres, los jóvenes se ejercitan en la caridad, aprenden a sentirse solidarios con las necesidades ajenas, y descubren de modo muy práctico que el amor a Dios y al prójimo son inseparables[16]. Cuando resulte posible, estas visitas se organizan en fiestas de la Santísima Virgen, pues uno de los fines es precisamente honrar a Nuestra Señora en sus pobres. En el Opus Dei, desde el inicio, se ha seguido siempre este camino de poner a los jóvenes en contacto con las personas más necesitadas de la sociedad, para llevarles alivio y consuelo. Decía San Josemaría que “la fortaleza humana de la Obra han sido los enfermos de los hospitales de Madrid: los más miserables; los que vivían en sus casas, perdida hasta la última esperanza humana; los más ignorantes de aquellas barriadas extremas”[17].

Además de ser un medio para madurar humana y cristianamente, responde a una necesidad en todos los países. Aun donde existe mayor desarrollo económico, hay gente necesitada o personas enfermas o solas, sin nadie que las atienda: “vemos cada día lo mucho que se sufre en el mundo a causa de tantas formas de miseria material o espiritual, no obstante los grandes progresos en el campo de la ciencia y de la técnica. Así pues, el momento actual requiere una nueva disponibilidad para socorrer al prójimo necesitado”[18].

4. Convivencias y otras actividades auxiliares de la labor de San Rafael. Residencias

Además de los medios tradicionales, la labor de San Rafael se expande y desarrolla también a través de múltiples actividades auxiliares, que se organizan en los centros –conferencias, sesiones de trabajo, etc.–, que contribuyen de modo directo a mejorar la capacitación humana, cultural, profesional y religiosa de la gente joven.

En cada país se impulsan las que mejor se adapten a las circunstancias concretas, con creatividad: actividades de música, de periodismo, de idiomas, de literatura, de debate, ciclos de técnicas de estudio, de orientación profesional o, sencillamente, tertulias y encuentros culturales. A éstas se unen las actividades de tipo social: programas de ayuda al desarrollo, atención de minusválidos, etc. Todas estas iniciativas tienen como rasgo común un hondo sentido de la solidaridad cristiana y un contenido educativo, junto con el hecho de que son labores laicales y seculares, realizadas en un ambiente de familia, con mentalidad profesional y afán de servicio a la sociedad civil.

Las convivencias son encuentros que se pueden originar por motivos muy variados: un seminario sobre algún tema de actualidad, un curso de orientación profesional, unos días de estudio más intenso, un campeonato deportivo, un campamento de promoción rural, una excursión, etc. Suponen una experiencia de amistad, de desarrollo humano y de crecimiento intelectual, en un contexto de vida cristiana. Se suelen organizar durante los fines de semana o en periodos de vacaciones.

Las residencias y las academias universitarias son centros de excelencia académica y cultural, abiertos a personas de todas las condiciones sociales, dirigidos a preparar universitarios que destaquen profesionalmente, e incorporen ideales de servicio, de amor a la verdad y de libertad[19]. Se caracterizan por su tono familiar, y por un ambiente de estudio, alegría, optimismo y comprensión, en el que los residentes se tratan con naturalidad, delicadeza y amistad. La convivencia les lleva a practicar las virtudes humanas, a ser personas de mentalidad positiva y universal, que no discriminan, a forjar el carácter y a fortalecer la personalidad. Las residencias tienen una clara identidad cristiana, pero están abiertas también a los no católicos, a quienes se recibe siempre con afecto y estima; y, cuando lo desean, se les invita a participar en la formación religiosa que se proporciona.

5. Continuidad en la labor de San Rafael. Apostolado epistolar

Al terminar la clase, fui a la capilla con aquellos muchachos, tomé al Señor sacramentado en la custodia, lo alcé, bendije a aquellos tres..., y yo veía trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones..., blancos, negros, amarillos, de todos los colores, de todas las combinaciones que el amor humano puede hacer. Y me he quedado corto, porque es una realidad a la vuelta de casi medio siglo. Me he quedado corto, porque el Señor ha sido mucho más generoso”[20].

Dentro del amplio y variado panorama de santidad que han dejado en la Iglesia tantos testigos de la fe en Cristo, los fieles del Opus Dei meditan especialmente la vida de San Josemaría que, durante largos años, desplegó una intensa labor pastoral con los jóvenes. Movidos por su ejemplo, todos en la Prelatura sienten pasión por el apostolado y, en particular, un gran amor por la labor de San Rafael. “El celo es una chifladura divina de apóstol, que te deseo, y tiene estos síntomas: hambre de tratar al Maestro; preocupación constante por las almas; perseverancia, que nada hace desfallecer”[21].

Como fruto de este espíritu, los medios de formación de la obra de San Rafael se preparan lo mejor posible, aunque asista sólo una persona: con profesionalidad, de una manera viva, con hondura doctrinal y también con sentido pedagógico, para mostrar en todo su atractivo la belleza de la fe. El Evangelio es viejo y nuevo a la vez y, por eso, la tarea de acercar a las personas a Jesucristo a través de los medios de formación es también algo siempre nuevo, lleno de vida.

La labor apostólica se desarrolla con orden y continuidad y no se interrumpe en ninguna época del año. Durante los períodos de vacaciones, se adaptan las actividades a las circunstancias de los jóvenes, para que continúen creciendo en madurez humana y sobrenatural, y en sentido apostólico. Se sigue en contacto también con los que se marchan a otros lugares: San Josemaría vivió y recomendó practicar con generosidad el llamado “apostolado epistolar”[22], como muestra de verdadera amistad y caridad cristiana, y estímulo para fortalecer la fe.

 

M. Díez
Octubre 2010

 

Bibliografía básica

  • Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1-25; 422-429; 1783-1785; 2214-2233
  • Juan Pablo II, Exhortación apostólica Christifideles laici, 30-XII-1988, nn. 57-64
  • San Josemaría, Camino, nn. 360-386
  • San Josemaría, Conversaciones, nn. 73-86
  • San Josemaría, Forja, nn. 450; 712; 840-842; 846; 892
  • A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo I, Rialp, Madrid 1998, pp. 474-484
  • J. González–Simancas y Lacasa – J. Revuelta Somalo, San Josemaría entre los enfermos de Madrid (1927-1931), “Studia et Documenta”, 2 (2008) 147-203
  • J.C. Martín de la Hoz – J. Revuelta Somalo, Un estudiante en la Residencia DYA. Cartas de Emiliano Amann a su familia (1935-1936), “Studia et Documenta”, 2 (2008) 299-358

 

 

© ISSRA, 2010

 

 


1 San Josemaría, Conversaciones, n. 27.

2 Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 425.

3 Cfr. San Josemaría, Camino, n. 382.

4 Cfr. Flp 2, 7.

5 Benedicto XVI, Encíclica Spe salvi, n. 2.

6 Juan Pablo II, Carta apostólica Novo Millennio Ineunte, n. 31.

7 “En la génesis y difusión del ateísmo puede corresponder a los creyentes una parte no pequeña; en cuanto que, por descuido en la educación para la fe, por una exposición falsificada de la doctrina, o también por los defectos de su vida religiosa, moral y social, puede decirse que han velado el verdadero rostro de Dios y de la religión, más que revelarlo” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2125).

8 San Agustín, De praedestinatione sanctorum, 2, 5: PL 44, 963.

9 Juan Pablo II, Encíclica Fides et ratio, n. 42.

10 Juan Pablo II, Encíclica Redemptor hominis, n. 19.

11 Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est, n. 36.

12 Por ejemplo, cfr. Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam Actuositatem, n. 32; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1435 y 1438.

13 Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2447.

14 Card. J.H. Newman, Sermón en la inauguración del Seminario de San Bernardo, 3-X-1873.

15 Cfr. Carta 15-VIII-1964, n. 1, en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo III, p. 536; o también, Entrevista a San Josemaría en el diario ABC de Madrid, 24-III-1971.

16 Cfr. 1 Jn 4, 20-21.C

17 San Josemaría, Meditación, 19-III-1975, en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo I, p. 443. Cfr. J. González–Simancas y Lacasa – J. Revuelta Somalo, San Josemaría entre los enfermos de Madrid (1927-1931), “Studia et Documenta”, 2 (2008) 147-203.

18 Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est, n. 30.

19 Cfr. San Josemaría, Conversaciones, n. 84.

20 San Josemaría (cfr. AGP, P04 1975, p. 278), en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo I, p. 482.

21 San Josemaría, Camino, n. 934.

22 Cfr. San Josemaría, Camino, nn. 976-977.

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